22 de octubre de 2008

Nuestras propias Vibraciones

Las ondas sonoras, sobre todo el habla, tienen un valor que en general no percibimos. Interfieren en el equilibrio del espacio que nos circunda y de nuestro espacio interior. A medida que tomamos conciencia de ello, comenzamos a comprender la Ley del Silencio y a usufructuar los beneficios de observarla. Las palabras no son más que el sonido de los pensamientos. Pueden producir formas diversas en los diferentes niveles de manifestación de la vida. Hoy ya se sabe, científicamente, que hasta la materia concreta se reestructura en respuesta a las vibraciones de las palabras y de los pensamientos. La organización de las moléculas se modifica conforme a nuestras emisiones y forma patrones más o menos armoniosos. ¿Y qué podemos decir de la respuesta de las plantas, de los animales y de nuestros semejantes a esas influencias? Las palabras crean formas también en los niveles sutiles del ambiente y pueden provocar perturbaciones o ayudar a consolidar la paz. 
 
En el plano mental de todo el planeta, existen incontables formas discordantes e inarmónicas, y la mayoría de los psicólogos y psiquiatras aún desconoce que gran parte de los disturbios mentales y cerebrales de la humanidad son causados por ellas. Para no acentuar esa obra destructiva, para no agravar el desorden, debemos mantener, tanto como sea posible, la conciencia en la realidad del Infinito. Al principio esa realidad nos parece demasiado abstracta, pero con el ejercicio de la elevación de los pensamientos conseguimos atravesar las capas psíquicas densas terrestres y llegar a niveles de existencia cada vez más amplios. La mente no debe dejarse capturar por los hechos de la vida cotidiana; por el contrario, tiene que elevarse de ese lugar. Aunque necesite ser usada en las resoluciones prácticas de lo cotidiano, debe mantenerse en ellas tan sólo el tiempo necesario y después levantar vuelo.
 
El pensamiento, como el sonido, se propaga en ondas. Son ondas que atraen vibraciones afines. Un pensamiento nuestro, por lo tanto, puede ampliarse mucho y adquirir una fuerza incalculable, pues se une con otros de naturaleza semejante. Y, si no es un pensamiento de paz, de armonía y de amor, se puede transformar, en una avalancha de negatividad. Por otra parte, sonidos "silenciosos", de mundos "distantes", vibran sin cesar en nuestro interior y a nuestro alrededor. Abren camino, traen oportunidades inusitadas, develan un nuevo tiempo. No tenemos acceso a ellos normalmente por causa de nuestro descuido con respecto a las vibraciones que generamos. Incluso las personas más ocupadas podrían dedicar por lo menos algunos momentos del día a reflexionar sobre esos mundos elevados, podrían cultivar su receptividad a ellos. Así, servirían al mundo material de manera más efectiva. 
 
Boletín Señales de Figueira No. 11 - 

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