26 de febrero de 2009

El Dragón y La Sandía


Hace mucho tiempo, en las colinas de la Patagonia, había un pueblecito muy pequeño. Sus habitantes estaban pasando hambre, pero no salían a recoger la cosecha, porque vivían dominados por el temor de un dragón que habían visto en sus campos.
Un día, llegó al poblado un viajero, y cuando éste pidió comida, le explicaron que no podían darle nada porque el dragón les impedía salir a los campos. Se trataba de un hombre valeroso, así que se ofreció para matar al dragón. Cuando llegó al lugar en cuestión, descubrió que no se trataba de un dragón, sino de una enorme sandía. Así que regresó al pueblo y les dijo: <>. Los lugareños sintieron tanta rabia que despedazaron al viajero.
Algunas semanas más tarde, otro viajero llegó al pueblo. Como antes, al pedir comida los habitantes del lugar le contaron lo del dragón. Este viajero también era valiente y se ofreció para matarlo. Los pueblerinos estaban encantados. Pero cuando llegó a los campos también vio la sandía gigante y volvió al pueblo para decirles que no tenían por qué tenerle miedo a una sandía gigante. La gente del pueblo lo cortó en pedazos.
El tiempo transcurrió y las gentes estaban ya desesperadas. Un día, apareció un tercer viajero. Pudo ver lo desesperada que estaba aquella gente y les preguntó cuál era el problema. Cuando le contaron lo del dragón prometió deshacerse de él para que los lugareños pudieran cosechar sus campos. Cuando llegó al lugar, también vio la sandía gigante. Sacó la espada, y entró en el campo y la hizo pedazos. Después regreso al pueblo y comunicó a sus habitantes que había matado al dragón. Los lugareños estaban encantados. El viajero se quedó con ellos durante muchos meses, los suficientes como para enseñarles la diferencia entre un dragón y una sandía.

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