8 de febrero de 2009

El Inventor de Rompecabezas


Vivió hace tiempo un amable y anciano creador de rompecabezas que tenía poderes mágicos. Lo que más le gustaba era hacer rompecabezas con hermosas pinturas para los niños del vecindario. Pero los suyos no eran rompecabezas comunes. Poseían propiedades mágicas, ya que cuando se situaba en su lugar la ultima pieza, las imágenes irradiaban rayos de luz, lo cual llenaba a los niños de alegría. Todo lo que tenían que hacer era observarla con mucha atención. Nada más. Y esto les hacía más felices que diez mil galletas de chocolate o diez mil vasos de leche.

Un buen día, el creador de rompecabezas se superó así mismo y pintó la más fascinante de todas sus creaciones. Usó pinturas mágicas espolvoreadas con polvo de estrellas y pinceles especiales con mangos recubiertos de oro. Tan emocionado estaba con su nueva pintura que decidió no dividirla en pedacitos para hacer un rompecabezas. En vez de eso, quiso que los niños experimentarán toda su magia de inmediato.

Cuando termino de envolver el cuadro, un niño pequeño entro a la tiendo esperando hallar el ultimo rompecabezas. Nuestro ancianito le entregó el paquete. Pero la luminosa sonrisa del niño desapareció con rapidez y se le entristeció la cara. Estaba claro que algo le había desilusionado. <<¿Qué ocurre?>>, le preguntó, y el niño le explico que lo más divertido de todo era hacer el rompecabezas. Él lo entendió de inmediato. De modo que con el mismo amor y cuidado con el que lo había pintado, lo cortó y desmontó en trocitos y con ternura los esparció en la caja. Entonces les dio a los niños lo que realmente querían, la felicidad y el triunfo de poder hacer ellos mismos el rompecabezas mágico.


Para proporcionar a la Vasija la oportunidad de crear su propia realización, el Mundo Infinito se desarmó y se transformó en un rompecabezas. Al permitir que la Vasija rearme el rompecabezas de la Creación, nosotros, la Vasija, nos hacemos creadores de nuestra realización y la causa de nuestra alegría, satisfaciendo así nuestro deseo y nuestra necesidad más profundos.


el poder de la KABBALHA - Yehudá Berg

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