6 de marzo de 2009

¿Salvar el día?


Es curioso darnos cuenta que, muchas veces, nos pasamos la vida como esperando que algo especial suceda, como si aguardásemos la llegada de esa hada madrina de los cuentos de infancia, que con varita mágica llega volando y nos toca, dándonos con él el poder que esperábamos, la fuerza que nos faltaba para hacer algo grande o aquello que no nos atrevíamos por falta de valor.

Y cuando eso especial no pasa, cuando el hada madrina nunca llega, sentimos que hemos esperado en vano, que hemos desperdiciado el tiempo y entonces pensamos en que hay que hacer algo “para salvar el día”, para sentirnos que somos útiles en algo, que hemos hecho algo en la vida.

Una mujer sabia dijo alguna vez: “Construir no es hacer algo nuevo, sino algo útil” y en ello entendí muchas cosas de la vida. Pues yo entendía que cada día había que estar innovando, haciendo cosas nuevas, diferentes, para salir de la rutina. Creía que en la variedad y en la novedad estaba el secreto del “vivir” y sin embargo, cuando empecé a ver a mi alrededor me di cuenta que muy pocas cosas en la naturaleza cambiaban.

En la naturaleza, las cosas que desde niño me acompañaron estaban ahí, a lo sumo habían crecido, se habían hecho más fuertes, más grandes, pero no habían dejado de ser lo que eran. El árbol siempre fue árbol, el sol siempre fue sol, las olas iban y venían incesantemente, la luna y las estrellas siempre brillaban en el firmamento.

Entonces empecé a pensar que el secreto de la vida no estaba en cambiar constantemente sino en vivir conforme a lo que era y para lo que había nacido.
Un árbol no pretende ser un halcón, ni este un copo de nieve; un río no pretende ser una flor ni tampoco una mariposa. Todo sigue su camino, siendo lo que es y haciendo aquello para lo que fue creado, no intenta ser otra cosa.

¿Sabemos realmente lo que somos y para qué fuimos creados?¿Vivimos de acuerdo a lo que somos?

En este afán de hacer algo, de vivir cada día, o sabemos cómo lo debemos hacer o vamos cambiando a cada instante, probando una que otra máscara, una que otra imagen según las circunstancias de la vida.

Caminar por la vida sin rumbo, sin finalidad, sin una meta es como un barco que flota a la deriva, que es arrastrado por lo vaivenes del viento y las corrientes del mar.

Un filósofo decía: “Construye tu destino o sopórtalo”, y es una gran verdad. Hagamos de nuestra vida algo útil o no nos lamentemos de haber desperdiciado el tiempo, de haber perdido el día, los días, la vida.

Cojamos las riendas de nuestra vida y hagamos con ella algo grande, algo útil a la humanidad, hagamos realidad nuestros más nobles ideales, seamos capaces de plasmar nuestros sueños.

Esa fuerza que nos hace falta para hacerlo, está dentro de cada uno, nace del descubrir realmente QUIEN SOY, DE DONDE VENGO, HACIA DONDE VOY.

No nos acostumbremos a vivir cada día haciendo cualquier cosa…”para salvar el día”

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