29 de agosto de 2009

Las semillas de lo maravilloso

Dios Dijo:

Haz de cada noche sea la víspera de un feriado. ¿Por qué no esperar con ansiedad el día siguiente? ¿Por qué no ser el niño pequeño que se va a dormir con imágenes de ciruelas de azúcar danzando frente a él?

¿Para qué te agradaría más levantarte mañana? ¿Cuál es tu agenda para mañana? ¿Cuál es tu agenda para lo primero que harás mañana?

Puede ser que la manera en cómo te despiertas constituya el precepto para ese día. Me pregunto, si mañana saltaras de la cama con una fuerte sensación de expectativa, ¿definiría eso el curso del día? Inténtalo. Dios sabe que has tenido muchos despertares sin ánimo, tal vez quejándote, malhumorado, y aún queriendo regresar a dormir y no levantarte hasta más tarde, o incluso nunca más. ¿Puedo sugerir que mañana en la mañana te alecciones a ti mismo para desear levantarte? ¿Lo intentarás? Deja preguntarte, si supieras que mañana temprano descubrirás que has ganado el premio mayor de la lotería, ¿cuánta energía tendrías para salir de la cama? ¿Dónde se iría la reticencia en ese caso?

¿Qué te gustaría descubrir mañana? ¿A disfrutar de qué te levantarías, sin pensarlo mucho?

Tal vez la luz del sol de la mañana sea suficiente. O incluso la lluvia. Tal vez sería agradable levantarse a tu rutina habitual. Primero te levantas, te bañas y haces la cama. Luego desayunas y lavas los platos. ¿No estás, luego de esto, preparado para que algo extraordinariamente maravilloso te dé la bienvenida? Por cierto que es posible, sí, claro que es posible que nada te regocije durante el día. Bueno, entonces si nada especialmente destacable sucede, ¿qué tal regocijarse con la normalidad del día? ¿Qué tal agradecer, incluso, por ese tipo de día?

¿Qué tal estar satisfecho por irse en la noche a la cama, y por la bendición de dormir bien? Esto solo, puede hacer que tu próximo día sea espléndido y valga la pena.

¿Qué tal si, al cerrar los ojos y quedarte dormido, plantas unos pocos pensamientos respecto al día siguiente? ¿Cuántas maravillas puedes invocar para el día siguiente? ¿A cuántas semillas de buena suerte podrías dar inicio? No importa cuántas. Sólo planta las semillas. Plántalas profundo. No tienes forma de saber cuánto tomará para que esos pensamientos tuyos germinen. Las semillas tienen su propio horario. Ellas saben cuándo. No es necesario que tú lo sepas. Satisfácete con plantar y déjalas germinar por su cuenta. Confórmate con darle a la naturaleza una oportunidad para hacer sus cosas. Sin tu intervención, ¿Qué oportunidad das a tu jardín? A menos que plantes las semillas de lo maravilloso, ¿Cuáles son las probabilidades de que ellas se desarrollen? Si te gusta el juego, sabrás de qué lado apostar.

¿Qué retoños te gustaría ver mañana en tu antejardín? ¿O la próxima estación? Por ahora, puedes disfrutarlos en tu mente. Esto es más que soñar despiertos, amados. Es simplemente arrojar la semilla en la tierra. Después, no tienes que pensar mucho en ello. Tú has hecho tu parte. Ciertamente, puedes enviar pensamientos amorosos, y sin embargo, no involucrarte.

Las semillas crecerán sin esfuerzo en tu patio. No tienes que estarlas tutoreando. No es necesario estar diciéndoles cómo hacerlo. No tienes que apurarles. No debes decepcionarte si lo que has plantado no aparece mañana, porque confías en que la naturaleza sabe cómo hacer crecer las semillas. Tú no eres quien las hace crecer. Tú eres quien las planta, eso es lo que eres. Basta con ser sembrador. Primero plantas y después cosechas. Es inevitable. También es cierto que otras semillas pueden ser arrojadas a tu jardín, y tú no siempre sabrás qué es lo que está creciendo. Pero sabrás que silenciosamente, lentamente, secretamente, el crecimiento está teniendo lugar. Anda a dormir con ese pensamiento en tu mente, y fíjate a qué te vas a levantar mañana.

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